
Su llegada fue decisiva para el ascenso y el gol de Valladolid, para la permanencia
13.08.09 - MANUEL ROSETY| GIJÓN
Si en su primera etapa dejó un buen sabor de boca, en la segunda se convirtió en un jugador fundamental en los éxitos del Sporting. El croata Mate Bilic se encontró en Gijón como pez en el agua cuando llegó con la complicada misión de suplir a Villa, con quien llegó a compartir una parte de la pretemporada en Zaragoza.
Bilic fue la referencia atacante del año del 'casi ascenso' de Marcelino. Llegó cedido por el Zaragoza, club que pagó un importante traspaso por sus servicios al Hadjuk de su Split natal. En la capital aragonesa no tuvo continuidad y se fue al Almería. Después, al Sporting. En Gijón encajó bien, en un vestuario que rozó el ascenso. Fue una temporada en la que los conocimientos de Marcelino metieron al equipo en ascenso y la inexperiencia del técnico lo sacó, además del potencial económico de los equipos ascensores.
La falta de posibilidades económicas impidió la continuidad de Bilic en el Sporting. Se fue a Córdoba, donde la temporada fue un fracaso colectivo. Luego, a Lleida, donde era el único que marcaba la diferencia. De ahí, a Viena, al Rapid.
En el último trimestre de 2007, cuando no se encontraba a gusto en el conjunto austriaco, lanzó un mensaje que llegó a Mareo. El consejo de administración hizo una apuesta fuerte y logró su contratación. Debutó en Córdoba el día de Reyes, en partido matinal, el primero tras abrirse el mercado de invierno. Fue un jugador clave en la lucha por el ascenso. Ante el Eibar, en El Molinón, marcó el primer tanto, que ponía a los rojiblancos en Primera. En esa media campaña firmó nueve tantos en los 22 partidos disputados.
La llegada de Bilic parecía que iba a cambiar las ideas de Preciado, quien cuando llegó a Gijón utilizó un 4-4-2 que reconvirtió en un 4-2-3-1, pero con el croata y Barral podía recuperar el estilo que más le gustaba. Sin embargo, la debilidad defensiva le modificó el talante y Bilic mantuvo una lucha con Barral por el puesto.
El delantero balcánico volvió a ser determinante en la permanencia. En Valladolid, con un empate que dejaba abiertas de par en par las puertas de Segunda, el croata conectó un testarazo, como mandan los cánones, de arriba abajo, tras ganar la espalda a García Calvo. Fue una temporada de doce goles, en el regreso a Primera.
Bilic está identificado con el proyecto del Sporting y con una ciudad en la que se siente querido, en la que se encuentra a gusto y donde nació su única hija. Con el Sporting cumplió el centenar de partidos ligueros. Ahora empieza otra historia, en una temporada en la que el objetivo del club gijonés es consolidarse en la máxima categoría.
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