martes, 7 de abril de 2009

Mate Bilic en su mejor gol


San Pedro tuvo un brillo extraordinario, como nunca, rebosaba el templo

La lectura del pregón de Semana Santa suele ser una ceremonia preciosa, aunque la celebrada ayer en la iglesia de San Pedro tuvo, como nunca, un brillo extraordinario. Rebosaba el templo cuando a las ocho en punto el redoble de tambores anunciaba la entrada del pregonero, el jugador del Real Sporting de Gijón Mate Bilic. Avanzó por la nave central, en pos de los hermanos mayores de las tres cofradías penitenciales, sobrio y elegante con su traje oscuro, camisa oscura... Estaba guapo de verdad, con el pelo recién cortado, nada de tintes de colores y la piel dorada al aire de Mareo.

Tras la presentación del presidente de la Junta de Hermandades, Ignacio Alvargonzález, Mate Bilic ocupó el centro de la tribuna ante el altar mayor custodiado por Javier Gómez Cuesta, párroco de San Pedro, y Fernando Fueyo, capellán del Real Sporting. En primera línea de audiencia, Emilija, esposa del pregonero, junto a un cochecito que cobijaba a la hija de ambos, Karla. Mate Bilic inició su lectura haciendo un paralelismo entre la Segunda División y los años en que los desfiles de Semana Santa habían desaparecido de las calles de la villa, «pero al fin, como el equipo, hemos recuperado nuestro brillante historial». Manifestó su desconocimiento de cómo se celebran en Gijón las ceremonias penitenciales, pero «debo anunciar que la historia que vamos a vivir aquí es la misma de mi patria, por tanto, la herencia católica que he recibido me hace sentirme muy próximo y partícipe de ésta». Y aludiendo a los colores del Sporting, rojo y blanco, los que ostenta a su vez la bandera de Gijón, trazó con ellos un hermoso nudo de fe y tradición. «Con esos colores se celebran los triunfos colgándolos de la estatua de Pelayo, que a su vez enarbola la Cruz de su filiación cristiana, ¿no son esos los auténticos colores de la fe?», se preguntó el ilustre jugador. «El rojo simboliza la sangre vertida en el Calvario, y el blanco es la Madre erguida junto a la Cruz». Mate Bilic, en su bello discurso, descubrió la entrañable similitud que él ha encontrado entre Croacia y Asturias, al compartir ambas el amor a la Virgen. La patrona de Croacia, Marija Bistricka, en 1545, al ser invadido el país por las tropas turcas, manos piadosas ocultaron su imagen en un agujero del muro de una iglesia.

Varios años más tarde, en 1588, al expulsar a los musulmanes nadie recordaba el suceso, pero apareció una luz misteriosa que brotaba de una pared. Allí estaba Marija Bistricka. «Yo le tengo gran devoción». Gijón honra a su Virgen de Covadonga, pero toda la ciudad conmemora a María, desde la Virgen de la Providencia, a la de la Guía, Santa María de Contrueces, La Soledad, La Virgen de los Remedios... Recordó Mate Bilic cómo, a los 40 días de nacer Jesús, María lo llevó al templo y allí hubo de escuchar la profecía de Simeón, «una espada te atravesará el alma». La Virgen comenzaba a participar en la misión redentora de Cristo. «Y al final, María estaba junto a la Cruz, aceptando el supremo dolor de una madre». Un fragmento del evangelio de San Juan fue el elegido por Mate Bilic para sellar su pregón: «Estaban de pie junto a la Cruz de Jesús, su madre y la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena».

Grandes aplausos para un chico de 28 años, modelo de bonhomía, de profundidad y valor. Nunca mejor merecidos. No mete cualquiera ese gol.

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